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El final de La Mussara: sus últimos días

Vista de la iglesia de Sant Salvador de La Mussara

¿Cómo fue el final de La Mussara? ¿Qué causas provocaron el éxodo? ¿Quiénes fueron sus últimos habitantes? Todas estas preguntas tienen respuestas aquí.

El pueblo, abandonado prácticamente desde 1961, atrae las miradas de no pocas personas. Al fin y al cabo, su lecho se aprecia desde la planicie del Baix Camp.

Quienes lo hayan visitado lo saben bien. Sólo hace falta girar la vista a la izquierda una vez que se identifican sus características antenas. Ahí está lo que queda de él.

Tan cerca y, a la vez, tan lejos.

Está cerca: en línea recta desde Reus, son sólo 12 kilómetros. Pero está lejos: a casi 1.000 metros de altura. La visita supone salvar más de 800 metros de desnivel.

Es una contradicción que se suma a esta curiosidad: pasó del apogeo con más de 300 habitantes en 1857 al total abandono en 100 años, desapareciendo en 1961.

De esta manera, ¿cómo fue el final de La Mussara? Este artículo repasa las dificultades de la vida en el pueblo, el proceso de despoblación y sus últimos años.

Las dificultades de la vida rural de La Mussara

Con frecuencia se habla de que todo acabó con un proceso de despoblación provocado por las dificultades de una vida rural que, aunque bella, era poco amable.

Albert Manent atribuyó la emigración a la falta de agua, la pobre calidad de la tierra y la carencia de elementos de modernidad, como electricidad, teléfono o médico.

Sólo el 7% de la tierra era cultivable. “No les ofrece la más pequeña muestra de afecto. Solamente tiene piel y hueso”, escribía Josep Iglésies en Les ciutats del món.

Además, gracias a la memoria de unos sus últimos habitantes, Anton Agustench Bonet, sabemos que una visita médica, incluyendo el taxi, costaba 55 pesetas.

Era cuestión de tiempo.

Desde el mirador del risco de Les Airasses, sus habitantes observaban la planicie del Baix Camp. Sabían que la vida era más cómoda a pocos kilómetros de distancia.

La tentación de abandonar La Mussara acechaba a los vecinos que bajaban a la planicie a fin de hacer negocios. La fidelidad a la tierra fue lo que los mantuvo.

Sobre esto reflexionaba Iglésies en su libro Les ciutats del món en 1948: “¿qué vínculos secretos retienen todavía al hombre a las pobrezas de aquí arriba?”.

La balsa de La Mussara con vegetación

Los últimos años del pueblo

Entre 1936 y 1955, La Mussara perdió 52 habitantes, más de la mitad de su población. Quedaban 36 vecinos, pero el éxodo se consumaría aquella misma década.

El declive total se produjo en el último semestre de 1959. Ya entrada la década de los 60, las casas presentaron signos evidentes de abandono e, incluso, hundimientos.

Era el final de La Mussara.

Franco puso fin a su término municipal cuando firmó el decreto 366/1961 de 16 de febrero de 1961. A partir de aquel momento, La Mussara formaba parte de Vilaplana.

Precisamente Vilaplana, seguido de Reus, fue el municipio que más mussarencs acogió: un total de 21 vecinos. Así, los vecinos permanecieron en ambientes agrícolas.

Tampoco renegaron de la tierra en lo laboral. En sus destinos trabajaron en masías y abrieron pequeños negocios. Desde luego, desestimaron trabajar en la industria.

La degradación avanzó inexorablemente. Hubo quien sostuvo que las tropas del Campamento de Los Castillejos derribaron el pueblo con el fuego de sus cañones.

El testimonio de los vecinos de Arbolí contradice esta teoría. La degradación de las casas se aceleró por el saqueo del pueblo, cuando la gente robó tejas y bigas.

Desprovistas de un tejado que las protegiera, las casas de La Mussara se consumieron con las inclemencias del tiempo. Una vez más, era cuestión de tiempo.

Los últimos habitantes de La Mussara

El padrón de 1950 manifiesta que la suma de habitantes entonces era de 66 personas. Surge de la suma de habitantes de las casas del pueblo y de las masías del término.

Antoni Novell, antiguo padre y rector de Capafonts, donó documentación de las parroquias de Mont-Ral, Farena y La Mussara a Antoni Novell poco antes de morir.

Gracias a un artículo de este último de la revista L’Orella de Farena, sabemos quiénes eran los últimos habitantes del pueblo en su recta final, en concreto, en 1954.

Pere Abelló Vilalta, el último alcalde de La Mussara, vivía con su mujer y sus 2 hijos en el Mas de l’Abelló. Por lo que sabemos, quedaban un total de 3 familias.

En 1958, Ramon Ferran i Poblet y su familia emigraron a Vilaplana. Un año después, el matrimonio Abelló los emuló después de una tragedia familiar.

Así fue cómo se completó el éxodo de La Mussara. Por tanto, podemos considerar que Pere Abelló fue el último emigrante y Anton Novell el último cura que impartió misa.

Vista del Refugi de Les Airasses
Vista del Refugi de Les Airasses

¿Qué ha sido de La Mussara?

Hoy en día el viejo pueblo es el escenario de actividades culturales y deportivas. Son un ejemplo, Aplec de Sardanes, el festival de poesía Mussart o la Gran Polar Fondo.

El Refugi de Les Airasses alberga una vista envidiable que, tan pronto se pone el pie en él, invita a los visitantes a tratar de imaginar cómo era la vida en estas contradas.

Porque La Mussara, tal y como describe con acierto Jaume Massó Carballido, “tiene el poder de no dejar indiferente a ningún visitante que se acerque por primera vez”.

Quizá esa sea la razón por la que hoy en día hay quienes están empecinados en adjudicar a La Mussara una maldición, propia de una novela de suspense, sino de terror.

La realidad está ahí. Quienes se acercan al viejo pueblo no ven más que un lugar apacible, vestigios de una vida pasada cuyas ruinas merecen algo más de respeto.

Santi García

Soy Santi, me flipa el gazpacho y mi sueño es visitar el Everest. En Camino con Santiago, comparto rutas, mitos y leyendas de la Costa Dorada.

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